10/11/2011
10/03/2011
Colegio patafísico de París
Esta institución se encarga, principalmente, de perpetuar la ciencia creada por Alfred Jarry, y de maquinar eruditos estudios sobre ciencias inventadas e inútiles. De hecho, el Collége de Pataphysique se presentó, por principio, como una "Sociedad de Investigaciones Eruditas e Inútiles". Muchas veces estas ciencias, o investigaciones, no eran más que meros retruécanos rimbombantes y provocativos, sin ninguna función o profundidad más allá de su nombramiento (Algunos ejemplos: Liricopatología y Clínica de los retoriconosos, Cocodrilología, Pedología y Adelfismo, Cinematografía y Onirocrítica, Aliética e Ictibalística, Tonosofía Africana, Alcoholismo estético, Aniñamiento voluntario e involuntario, etc).
Estas ciencias imaginarias y otros contructos, tales como la exposición de los órdenes jerárquicos dentro del Colegio y otras obras, eran explicadas y distribuidas en series de revistas confidenciales, de tirada muy limitada, en las cuales dejaban enigmas, incongruencias, misterios y palabras altamente eruditas. Todo en consideración de un lector apropiado, que se atreva a captar los postulados del Colegio.
A finales de 1974 (debido a la muerte de muchos de sus miembros e investigadores) el Colegio Patafísico decide ocultarse, por un tiempo indeterminado. Este acontecimiento es recordado como "Periodo de Ocultación". Sin embargo, el legado y el paréntesis que deja en la historia esta decisión, motiva a muchos personajes, en diferentes lugares del mundo, a intentar recobrar la institución. Uno de los personajes más relevantes y fundamentales fue Fernando Arrabal, quien es, prácticamente un precursor del renacimiento de la era Patafísica. Finalmente, el 20 de abril del año 2000 (1 palotín 127, y San Cocodrilo, del calendario patafísico) se celebra la "Desocultación" del Colegio, el cual anunciaba una exposición de "Agujeros, Nadas y Espejismos", que nadie pudo encontrar. A la par con la "Desocultación" se elige por "Presidente Transitoriamente Perpetuo" a Lutembi, un cocodrilo que habita en las orillas del lago Victoria.
Estas ciencias imaginarias y otros contructos, tales como la exposición de los órdenes jerárquicos dentro del Colegio y otras obras, eran explicadas y distribuidas en series de revistas confidenciales, de tirada muy limitada, en las cuales dejaban enigmas, incongruencias, misterios y palabras altamente eruditas. Todo en consideración de un lector apropiado, que se atreva a captar los postulados del Colegio.
A finales de 1974 (debido a la muerte de muchos de sus miembros e investigadores) el Colegio Patafísico decide ocultarse, por un tiempo indeterminado. Este acontecimiento es recordado como "Periodo de Ocultación". Sin embargo, el legado y el paréntesis que deja en la historia esta decisión, motiva a muchos personajes, en diferentes lugares del mundo, a intentar recobrar la institución. Uno de los personajes más relevantes y fundamentales fue Fernando Arrabal, quien es, prácticamente un precursor del renacimiento de la era Patafísica. Finalmente, el 20 de abril del año 2000 (1 palotín 127, y San Cocodrilo, del calendario patafísico) se celebra la "Desocultación" del Colegio, el cual anunciaba una exposición de "Agujeros, Nadas y Espejismos", que nadie pudo encontrar. A la par con la "Desocultación" se elige por "Presidente Transitoriamente Perpetuo" a Lutembi, un cocodrilo que habita en las orillas del lago Victoria.
9/29/2011
9/17/2011
9/16/2011
8/31/2011
Este domingo 9 de octubre a las 14.30 hs. en la Plaza Belgrano de Unquillo, la Comparsa Afro te invita a ser parte de un encuentro de música, baile y festejo.
::::FESTIVAL SOLIDARIO:::: "Diferentes ritmos el mismo latido"
A beneficio del Comedor y biblioteca popular San Miguel. Acercate con libros, revistas, cuadernos, ropa en buen estado, juegos didácticos o de mesa.
La Comparsa Afro somos un grupo de cordobeses con ganas de aprender, compartir y difundir los ritmos y danzas africanas. Se originó para ser parte de los corsos de Unquillo pero continúa su trabajo y crecimiento desde hace ya varios años con alegría, fuerza, música y danza.
¡Habrá carteles indicando como llegar hasta la plaza Belgrano!!!
Les Arts Incohérents
Históricamente el hombre ha manifestado de diferentes maneras su descontento con lo socialmente establecido y con la moral que va rigiendo los diferentes contextos que se han vivido. Por supuesto que el arte ha sido una de esas formas de resistencia, y los incoherentes en Francia a finales del siglo XIX, mostraron su inconformidad con la tradición artística académica de aquel momento tomando a la pintura como una de sus expresiones más significativas.
Las características principales de los incoherentes eran la irreverencia, la irracionalidad, la sátira, la estridencia, la parodia y, sobre todo su muy particular sentido del humor marcado en sus obras. Esta corriente captó a numerosos pintores, escritores, fotógrafos, caricaturistas, entre otros, hasta que esta tendencia culminara en 1896. Antes de llegar a su final la corriente de los incoherentes, montaron algunas exposiciones que lograron albergar a cerca de 20,000 por mes.
Dentro de las curiosidades que mostraban en dichas exhibiciones era el nombre mismo de sus presentaciones, como la realizada en París durante 1883 y que llevo por nombre “Una exposición de dibujos por gente que no sabe dibujar”. Los especialistas en arte consideran a los incoherentes como los antecesores del arte conceptual, de los vanguardistas y de los dadaístas.
“Cosecha del tomate por cardenales apopléticos a las orillas del mar rojo” (1884). Alphonse Allais
Las características principales de los incoherentes eran la irreverencia, la irracionalidad, la sátira, la estridencia, la parodia y, sobre todo su muy particular sentido del humor marcado en sus obras. Esta corriente captó a numerosos pintores, escritores, fotógrafos, caricaturistas, entre otros, hasta que esta tendencia culminara en 1896. Antes de llegar a su final la corriente de los incoherentes, montaron algunas exposiciones que lograron albergar a cerca de 20,000 por mes.
Dentro de las curiosidades que mostraban en dichas exhibiciones era el nombre mismo de sus presentaciones, como la realizada en París durante 1883 y que llevo por nombre “Una exposición de dibujos por gente que no sabe dibujar”. Los especialistas en arte consideran a los incoherentes como los antecesores del arte conceptual, de los vanguardistas y de los dadaístas.
“Cosecha del tomate por cardenales apopléticos a las orillas del mar rojo” (1884). Alphonse Allais
8/25/2011
murió un soldado.
Ayer por la tarde en la reunión de vecinos , nos enteramos de la desaparición física de uno de los luchadores de la Villa la Maternidad, a él todos nuestros deseos de paz.
En forma de homenaje y divulgación transcribimos un reportaje realizado por nuestro compañero Ezequiel Rogna y que fué publicado en el Portal de San Vicente n 16.
“No sé para qué quiere tanta tierra, si no le cabe tanto en las orejas”, dice cuando le nombro a Euclides Bugliotti, dueño del Grupo Dinosaurio. Y es que Heraldo, nacido “hace una enormidad de años” en San Antonio de Litín (Departamento de Unión), llegado a Córdoba Capital cuando niño y vecino sanvicentino desde hace 45 años, se ha convertido en uno de los principales representantes de la resistencia contra el desalojo que los vecinos de Villa La Maternidad han debido sostener durante los últimos ocho años. Por ello no demora en decir, sin que le pregunten: “Tenemos una lucha; tal es así que hasta ahora tenemos que mantenerla porque no hay caso. La avaricia de los seres humanos es terrible. Cuando se les despierta, no tiene fin. Ahí tenemos a este hombre de enfrente…”
Sin embargo, la historia de Heraldo comienza mucho antes. Al menos la historia que aquí interesa, empieza en el momento en el que compró “dos habitaciones y un excusado con la posesión del terreno correspondiente en julio de 1966.” Por entonces, ya hacía unos años que trabajaba como relojero (oficio que ejerció durante más de 50 años), hacía deporte (era un eximio ciclista) y estudiaba medicina. “Al tiempo, ya dejé de estudiar porque vi que acá tenía mucho trabajo, mucho que hacer”, dice Heraldo. Y agrega: “Si yo tuviera un título universitario, a lo mejor estaría prendido ahí cumpliendo la función. En cambio así, soy soberano, soy dueño de hacer lo que yo quiera.”
Como ciclista, su desempeño lo llevó a obtener una veintena de trofeos en competencias realizadas en distintas provincias. Recuerda que en esa época “había tres Heraldos: Heraldo Bosio, el de la orquesta rítmica que actuaba en Villa Retiro siempre, un subcomisario que por su profesión vuelta a vuelta salía en los medios de difusión, y el otro era el deportista que salía casi todas las semanas, aunque no corriera, porque tenía prensa y aparecía su posición.” Aunque un severo accidente en Villa Allende lo llevó a abandonar el ciclismo, aún hoy se lo puede ver por las calles de San Vicente sobre su bicicleta modelo inglés.
También fue fundidor de bronce (oficio que aprendió y practicó en la Escuela Presidente Roca, en el Parque Sarmiento) y apicultor, y siempre alternó sus trabajos con la lectura y las escapadas a los cineclubes, actividades que perduran hasta la actualidad. De hecho, en una misma conversación, Heraldo puede traer a colación al escritor finlandés Mika Waltari, al tucumano Alejandro Olmos y su investigación sobre la deuda externa argentina, al sabio indio Rabindranath Tagore o al último documental de Tristán Bauer sobre el Che Guevara. A diferencia de éste, Heraldo se muestra como un hombre pacifista, como una persona que rechaza la lucha violenta. “Siempre trato de dar en lo efectivo, en lo real en lo que hay que hacer”, dice. Eso, tal vez, lo haya empujado a ser “el decano de la U.A.C. (Unión de Asambleas Ciudadanas) en la ciudad de Córdoba”, rol que lo ha llevado a compartir experiencias con otras organizaciones en ciudades como Buenos Aires o Concepción del Uruguay. Tal vez, también, “lo que hay que hacer” lo impulse a trabajar en la huerta comunitaria ubicada a metros de su casa de 140 años, cuyas ampliaciones, construidas con mano propia, fueron destruidas por una topadora durante el desalojo forzoso de los vecinos de Villa La Maternidad los días 15, 16 y 17 de junio del año 2004. Heraldo repasa la lista de personas fallecidas durante el “traslado”, al que no duda en calificar como un “genocidio”, cuenta cómo muchos fueron tentados por 300 pesos ofrecidos por “trabajadores sociales” contratados por la provincia y se fueron a vivir a “Ciudad de mis sueños”, quedando aislados del resto de la ciudad de Córdoba por la falta de transporte y enajenados por el desarraigo. Recuerda el caso de un hombre que se volvió loco y empezó a arrojar piedras contra su casa y las de sus vecinos y, sobre todo, se acuerda de Chicha, la señora de 72 años que nació y vivió toda su vida en el barrio y que falleció de un paro cardíaco 48hs después de haber sido obligada a abandonar su casa.
Consternado, dice Heraldo: “Hay que ver lo que ha hecho Hitler, y estos han hecho lo mismo, le han copiado, nada más que a menor escala. Ahora, aquel era un país en estado bélico, que está exaltado, y en cambio acá no; acá estábamos en paz. Sino que vienen ellos a querer llevarse todo, a agarrar todo y no les interesa nada. Lo que a mí me duele son las vidas humanas.” Sin embargo, se muestra esperanzado en su lucha contra la “asociación ilícita” conformada por los principales responsables del “desgobierno” provincial y sostiene: “Creo que vamos a salir adelante. Porque nosotros vamos con la verdad, vamos con la dignidad, vamos con el derecho y vamos con la justicia, porque somos hombres justos
En forma de homenaje y divulgación transcribimos un reportaje realizado por nuestro compañero Ezequiel Rogna y que fué publicado en el Portal de San Vicente n 16.
“No sé para qué quiere tanta tierra, si no le cabe tanto en las orejas”, dice cuando le nombro a Euclides Bugliotti, dueño del Grupo Dinosaurio. Y es que Heraldo, nacido “hace una enormidad de años” en San Antonio de Litín (Departamento de Unión), llegado a Córdoba Capital cuando niño y vecino sanvicentino desde hace 45 años, se ha convertido en uno de los principales representantes de la resistencia contra el desalojo que los vecinos de Villa La Maternidad han debido sostener durante los últimos ocho años. Por ello no demora en decir, sin que le pregunten: “Tenemos una lucha; tal es así que hasta ahora tenemos que mantenerla porque no hay caso. La avaricia de los seres humanos es terrible. Cuando se les despierta, no tiene fin. Ahí tenemos a este hombre de enfrente…”
Sin embargo, la historia de Heraldo comienza mucho antes. Al menos la historia que aquí interesa, empieza en el momento en el que compró “dos habitaciones y un excusado con la posesión del terreno correspondiente en julio de 1966.” Por entonces, ya hacía unos años que trabajaba como relojero (oficio que ejerció durante más de 50 años), hacía deporte (era un eximio ciclista) y estudiaba medicina. “Al tiempo, ya dejé de estudiar porque vi que acá tenía mucho trabajo, mucho que hacer”, dice Heraldo. Y agrega: “Si yo tuviera un título universitario, a lo mejor estaría prendido ahí cumpliendo la función. En cambio así, soy soberano, soy dueño de hacer lo que yo quiera.”
Como ciclista, su desempeño lo llevó a obtener una veintena de trofeos en competencias realizadas en distintas provincias. Recuerda que en esa época “había tres Heraldos: Heraldo Bosio, el de la orquesta rítmica que actuaba en Villa Retiro siempre, un subcomisario que por su profesión vuelta a vuelta salía en los medios de difusión, y el otro era el deportista que salía casi todas las semanas, aunque no corriera, porque tenía prensa y aparecía su posición.” Aunque un severo accidente en Villa Allende lo llevó a abandonar el ciclismo, aún hoy se lo puede ver por las calles de San Vicente sobre su bicicleta modelo inglés.
También fue fundidor de bronce (oficio que aprendió y practicó en la Escuela Presidente Roca, en el Parque Sarmiento) y apicultor, y siempre alternó sus trabajos con la lectura y las escapadas a los cineclubes, actividades que perduran hasta la actualidad. De hecho, en una misma conversación, Heraldo puede traer a colación al escritor finlandés Mika Waltari, al tucumano Alejandro Olmos y su investigación sobre la deuda externa argentina, al sabio indio Rabindranath Tagore o al último documental de Tristán Bauer sobre el Che Guevara. A diferencia de éste, Heraldo se muestra como un hombre pacifista, como una persona que rechaza la lucha violenta. “Siempre trato de dar en lo efectivo, en lo real en lo que hay que hacer”, dice. Eso, tal vez, lo haya empujado a ser “el decano de la U.A.C. (Unión de Asambleas Ciudadanas) en la ciudad de Córdoba”, rol que lo ha llevado a compartir experiencias con otras organizaciones en ciudades como Buenos Aires o Concepción del Uruguay. Tal vez, también, “lo que hay que hacer” lo impulse a trabajar en la huerta comunitaria ubicada a metros de su casa de 140 años, cuyas ampliaciones, construidas con mano propia, fueron destruidas por una topadora durante el desalojo forzoso de los vecinos de Villa La Maternidad los días 15, 16 y 17 de junio del año 2004. Heraldo repasa la lista de personas fallecidas durante el “traslado”, al que no duda en calificar como un “genocidio”, cuenta cómo muchos fueron tentados por 300 pesos ofrecidos por “trabajadores sociales” contratados por la provincia y se fueron a vivir a “Ciudad de mis sueños”, quedando aislados del resto de la ciudad de Córdoba por la falta de transporte y enajenados por el desarraigo. Recuerda el caso de un hombre que se volvió loco y empezó a arrojar piedras contra su casa y las de sus vecinos y, sobre todo, se acuerda de Chicha, la señora de 72 años que nació y vivió toda su vida en el barrio y que falleció de un paro cardíaco 48hs después de haber sido obligada a abandonar su casa.
Consternado, dice Heraldo: “Hay que ver lo que ha hecho Hitler, y estos han hecho lo mismo, le han copiado, nada más que a menor escala. Ahora, aquel era un país en estado bélico, que está exaltado, y en cambio acá no; acá estábamos en paz. Sino que vienen ellos a querer llevarse todo, a agarrar todo y no les interesa nada. Lo que a mí me duele son las vidas humanas.” Sin embargo, se muestra esperanzado en su lucha contra la “asociación ilícita” conformada por los principales responsables del “desgobierno” provincial y sostiene: “Creo que vamos a salir adelante. Porque nosotros vamos con la verdad, vamos con la dignidad, vamos con el derecho y vamos con la justicia, porque somos hombres justos
8/23/2011
8/11/2011
Relato.
Génesis
Camino ansioso. Nos sentamos en el cordón. La calle Corrientes es un desierto de asfalto. Un desierto negro, de noche cerrada y horas para gastar. El Mono y Butthead se ponen a patear un cuero de gato que encontraron por ahí. Está seco pero apesta. Mono le propina una de esas patadas suyas a lo Valderrama. El cuero se levanta e impacta en el pecho de Butthead. Me escucho reír junto a mis amigos. El único que no se ríe es Butthead. Claro, con su honor mancillado tiene que hacerse el enculado. Pero se notan sus cosquillas por dentro. Todavía es un pibe. Todavía no empezó a laburar para el dealer más dealer del barrio. Es un loco más de la barra. Un loco lindo que me abrió las puertas de este reino del revés en donde las sombras resplandecen en las esquinas, las viejas no salen a la puerta para llorarle al Universo y los cuartetazos retumban en el horizonte.
No sé si hoy nos colamos en alguno de esos cumpleaños de quince con tías dientonas haciendo el trencito en un patio con parra. No me acuerdo si con mi hermano estuvimos tocando rocanroles para la muchachada. Dos minutos. Catupecu. Divididos. Capaz que alguna de Soda. No lo sé. Lo que sí sé es que estoy ansioso.
Me siento en las vísperas de un momento trascendente, un momento que quedará entre los más intensos de mi educación sentimental. Como la primera vez que me emborraché, en la casa Sandino, ese culiado que estaba de recontravuelta, con Piña Colada y Blue Coraçao, la noche en que los trogloditas de mis amigos terminaron rompiendo azulejos a trompadas y sus manos con el filo de los azulejos. O cuando La Mona me reventó la nariz de un pelotazo en la escuelita de fútbol del Araña Amuchástegui y tuve que seguir atajando a ciegas, con los ojos saturados de lágrimas orgullosas. O como la vuelta que, de pendejo, asomado a la ventana que da al pasaje, tuve que decirle a Leyla, mi amiga rubia de enfrente, que no viniera a pegarle con el cinto a Noelia, mi amiga morocha de al lado. (¿Qué será de la vida de Leyla? ¿Y de la Noelia?) O como esa vez que contábamos historias de miedo en la casa del Negro y el perro se puso a ladrarle al espejo. O cuando tuvimos que apretujarnos contra la pared del Club Juniors porque los canas no dejaban de tirar sus balas de goma a los mismos de siempre que se mandaban por cualquier rendija para bailar en una pata con La Renga.
Será como esos momentos, digo, pero mejor. Porque el tiempo pasa, inescrupuloso, y comienzan a percibirse los cambios en la atmósfera. De a poco, la densidad terrestre de la noche va dando paso a otra energía. Una energía más etérea. La siento. Es una vibración que conozco de antes, de mucho antes. Los sonidos se limpian. Los bocinazos y las puteadas de la Agustín Garzón ya son un recuerdo lejano. Las copas de los árboles acusan la vida que contienen: infinitos piares en un rumor que crece a cada instante. Un gallo suma su canto desde los fondos de la bodega...
Entonces, el milagro se produce. Una vez más. Como todos los días en la vida de este mundo. Pero por primera estoy aquí, rodeado de ojeras y sonrisas, para ser testigo del momento preciso en que los cielos de San Vicente, los más hermosos, los cielos de mi mundo, explotan de luz.
Recuerdos hilvanados por Juan Ezequiel Rogna
para celebrar nuestro barrio de cada día.
Camino ansioso. Nos sentamos en el cordón. La calle Corrientes es un desierto de asfalto. Un desierto negro, de noche cerrada y horas para gastar. El Mono y Butthead se ponen a patear un cuero de gato que encontraron por ahí. Está seco pero apesta. Mono le propina una de esas patadas suyas a lo Valderrama. El cuero se levanta e impacta en el pecho de Butthead. Me escucho reír junto a mis amigos. El único que no se ríe es Butthead. Claro, con su honor mancillado tiene que hacerse el enculado. Pero se notan sus cosquillas por dentro. Todavía es un pibe. Todavía no empezó a laburar para el dealer más dealer del barrio. Es un loco más de la barra. Un loco lindo que me abrió las puertas de este reino del revés en donde las sombras resplandecen en las esquinas, las viejas no salen a la puerta para llorarle al Universo y los cuartetazos retumban en el horizonte.
No sé si hoy nos colamos en alguno de esos cumpleaños de quince con tías dientonas haciendo el trencito en un patio con parra. No me acuerdo si con mi hermano estuvimos tocando rocanroles para la muchachada. Dos minutos. Catupecu. Divididos. Capaz que alguna de Soda. No lo sé. Lo que sí sé es que estoy ansioso.
Me siento en las vísperas de un momento trascendente, un momento que quedará entre los más intensos de mi educación sentimental. Como la primera vez que me emborraché, en la casa Sandino, ese culiado que estaba de recontravuelta, con Piña Colada y Blue Coraçao, la noche en que los trogloditas de mis amigos terminaron rompiendo azulejos a trompadas y sus manos con el filo de los azulejos. O cuando La Mona me reventó la nariz de un pelotazo en la escuelita de fútbol del Araña Amuchástegui y tuve que seguir atajando a ciegas, con los ojos saturados de lágrimas orgullosas. O como la vuelta que, de pendejo, asomado a la ventana que da al pasaje, tuve que decirle a Leyla, mi amiga rubia de enfrente, que no viniera a pegarle con el cinto a Noelia, mi amiga morocha de al lado. (¿Qué será de la vida de Leyla? ¿Y de la Noelia?) O como esa vez que contábamos historias de miedo en la casa del Negro y el perro se puso a ladrarle al espejo. O cuando tuvimos que apretujarnos contra la pared del Club Juniors porque los canas no dejaban de tirar sus balas de goma a los mismos de siempre que se mandaban por cualquier rendija para bailar en una pata con La Renga.
Será como esos momentos, digo, pero mejor. Porque el tiempo pasa, inescrupuloso, y comienzan a percibirse los cambios en la atmósfera. De a poco, la densidad terrestre de la noche va dando paso a otra energía. Una energía más etérea. La siento. Es una vibración que conozco de antes, de mucho antes. Los sonidos se limpian. Los bocinazos y las puteadas de la Agustín Garzón ya son un recuerdo lejano. Las copas de los árboles acusan la vida que contienen: infinitos piares en un rumor que crece a cada instante. Un gallo suma su canto desde los fondos de la bodega...
Entonces, el milagro se produce. Una vez más. Como todos los días en la vida de este mundo. Pero por primera estoy aquí, rodeado de ojeras y sonrisas, para ser testigo del momento preciso en que los cielos de San Vicente, los más hermosos, los cielos de mi mundo, explotan de luz.
Recuerdos hilvanados por Juan Ezequiel Rogna
para celebrar nuestro barrio de cada día.
8/09/2011
radie dada :segunda parte del dia amigo.
radie dada dia del amigo segunda parte by dj ardilla
Radie
dadá es el resultado de una experiencia compartida por la gente de Casa
Dadá , con grabaciones de sucesos ocurridos en la casa o fuera de ella,
sucesos que tienen como uno de sus objetivos, la “ despersonalización
“;el permitirse dejar fluir mediante improvisaciones? de personajes
imaginarios con datos imaginarios.
Radie
dadá es el resultado de una experiencia compartida por la gente de Casa
Dadá , con grabaciones de sucesos ocurridos en la casa o fuera de ella,
sucesos que tienen como uno de sus objetivos, la “ despersonalización
“;el permitirse dejar fluir mediante improvisaciones? de personajes
imaginarios con datos imaginarios.
no intentamos ni informar ni dar
ningún tipo de mensaje, nuestra intención es compartir la nada, como
posibilidad de lo in imaginado, impensado, una hora de tu tiempo sonoro,
es un mundo de sensaciones inconexas y fortuitas que te invitan a
viajar sin escala en la razón
Segunda emisión de RADIÉ DADÁ , en esta nueva burbuja, nos acompañan
GASTÓN SIRONI, un mini bloque de las chicas de BIOTICAS, el Reverendo
Inn nos deja unos consejos insanos, promediando la jugada una hermosa
canción de JENNY NAGER, un sentido soneto de CARLITOS MEDINA, algunos
improperios de Madame Butterfly, además escucharemos una interferencia
de "Radio Caribe"
Y disfrutaremos de la "Cumbia de los Humanimales" , y
para terminar unos consejos del sabio Jean Paul Birolo...todo esto
conducido y musicalizado por Dj Ardilla... QUE MÁS!!!!
7/27/2011
La secta de los “hidrópatas”
La secta fue fundada por Goudeau el 11 de octubre de 1878 y prefiguró lo esencial del movimiento simbolista.
Todos los integrantes del grupo eran, sin duda, bebedores empedernidos. El elemento de unión de los artistas e intelectuales miembros del club era debatir sobre sus especialidades y profesar un rechazo absoluto al agua como bebida en beneficio del alcohol. Fue uno éxito. En su primera reunión se agruparon 75 miembros que llegaron hasta 350. Se admitía solamente a miembros de la bohemia artística, fuera cual fuese su especialidad. Inicialmente, el club se reunió en un pequeño café de la rive gauche del Barrio Latino y luego, a partir de la apertura del Chat Noir en 1881, en una de sus salas. Eran frecuentes las bromas pesadas y los pequeños disturbios tanto dentro como fuera del local. Si bien algunos miembros moderados se retiraron a causa de las gamberradas, estas prácticas atrajeron a otros muchos más hasta el punto de que en 1879, Goudeau lanzó una revista quincenal, L’Hidropathe, que recogía las intervenciones, escritos y poemas más brillantes que habían producido los miembros del club. Apenas tuvo un año de vida. Entre los miembros más brillantes del club figuraron Sarah Bernhardt, Léon Bloy, Charles Cros, Alphonse Allais, Thédore de Banville, Guy de Maupassant, Jean Moreas, Germain Nouveau o Maurice Rollinat. El local de Salis, nunca fue el lugar más adecuado para los honestos pequeño-burgueses parisinos. Esto no impidió que las más grandes inteligencia de la Belle Epoque y personalidades relevantes de otros países acudieran en busca de conocer a la élite intelectual parisina.
Hacia el emplazamiento definitivo
Como hemos dicho, la primera sede del cabaret estuvo en el pequeño local del 84 bulevard Rochecouart. Poco después de trasladarse, en ese mismo emplazamiento abrió otro cabaret que gozaría de fama en la misma época, el Mirlitón, propiedad de Aristide Bruant. El Chat Noir pasó en junio de 1885 al número 12 de la rue Victor Massé en donde estuvo algo más de once años, hasta 1896. En aquel local bebieron absenta hasta el delirio, Aristide Bruant, Zola, Jean Groudezki, Albert Samain y tros muchos. La revista de los hidrópatas se vendía casi tanto como el alcohol. Salis decidió instalar el primer piano que se vio en un cabaret. Maupassant, Gillette, Lautrec, Bonnard, Steinlen, Lautrec, figuraron entre los primeros clientes.Los negocios iban bien, así que Salis adquirió un local de tres pisos en la rue Laval (hoy rue Victor-Massé). El inmueble, mucho más amplio que el pequeño local de Rochechouart, fue decorado por Henri Rivière y Caran d’Ache. Ambos crearían luego el famoso “teatro de sombras”. Nuevamente, éxito volvió a acompañar a la empresa y el local se volvió a quedar pequeño. Fue entonces cuando llegó a su emplazamiento definitivo en el número 68 del bulevard Clichy. Salis, a imitación de los hidrópatas, creó una revista semanal para promocionar el local que apareció entre 1882 y 1895. Si alguien quiere entender lo que fue la Belle Époque debe necesariamente consultar la colección completa.
Un extraño lugar permeable al esoterismo
El éxito del local hizo que aparecieran sucedáneos de los que el más importante fue, sin duda, La Abadía del Thelema, nombre de un lugar descrito por Rabelais y recuperado luego por el mago y satanista inglés Aleister Crowley, en plena Plaza de Pigale. Lo cierto es que, desde el origen, hubo mucha ambigüedad en la inspiración del Chat Noir. La misma alusión al nombre del cabaret ha suscitado todo tipo de comentarios, pues no en vano el gato es un símbolo esotérico del que se dice que puede ver las almas de los muertos.
7/15/2011
ESCUCHÁ RADIE DADÁ
Radié dadá (primer sessión) dÍa del amigo. by dadasanvicente
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