2/06/2012

- La falta literaria - por Sole Soledad-

Vaya opulencia que te habitaba,

te alzabas con altanera presencia

tapando todo el cielo con tu grandeza.



Fuimos hormigas que te caminaron,

alimentándose de tus frutos ováricos,

mientras cada mordisco nos enseñaba,

con suave maestría,

acerca de la abundancia inmensa

de tus ramas dispersas como mapas

de las mil rutas de retorno

a algún lugar incierto,

a un rincón sagrado.

Grandes frutos se desplomaban implacables

como bombas vitamínicas, primero a tu piedras

luego a nuestra sangre, piel, pelos... al aura.

Todos nos convertimos en tus súbditos, magnánima.

Tu cómplice, el viento moviéndote las entrañas,

tras la tormenta agonizante,

mientras en tu regazo la lluvia seguía

brindando chispazos de gotas de vida.


Te bendicen los recuerdos literarios,

la música desperdigada

la ayawasca comunitaria con sus ícaros madrugados

litros de brebajes, carcajadas, humos de asados,

miles de días con su noches respectivas,

con nosotros, los otros y todos los bichos que te habitaron

durante tus largos cincuenta y tantos cuantos años.


Nos abrazan las saudades muy seguido,

y se siente en la inmensidad del cielo estrellado

o en las tardes de campo mateado,

que no es Dadá el sinsentido

el sinsentido es la ausencia de nuestra palta.






PENSANDO UNA GEOGRAFÍA DIFERENTE PARA SAN VICENTE



Les presentamos esta cartografía de San Vicente en la ciudad de Córdoba realizada por distintas organizaciones de este tradicional barrio también conocido como “La República”. Este posteo pertenece a la serie de mapas derivados a partir de los Talleres de Mapeo Colectivo que llevamos a cabo en esa ciudad desde el ’08, la“Esquizo-córdoba” que le decimos. Desde ya gracias a los vecinxs por compartir con nosotrxs este gran trabajo.


Al este de la ciudad de Córdoba, cerca del centro de la ciudad, comienza la zona de la Quinta Sección, denominada de tal modo por encontrarse bajo la jurisdicción de la Comisaría V de la ciudad. Esta zona abarca los barrios: San Vicente, Parque San Vicente, Altos de San Vicente Sud, Mirador, Müller, Hermoso, Maldonado, Altamira, Acosta, Renacimiento, Campo de la Ribera y Colonia Lola. Inicialmente, toda la zona era denominada San Vicente, y se constituía en una región residencial de quintas donde los/las habitantes de la ciudad tenían sus casas de descanso, por tal razón tenía características de localidad independiente, de pueblo. Nacido en 1870, el `pueblo´ San Vicente –como se denominaba en sus comienzos-, se caracterizó por brindar espacios de trabajo y ocio para su población, así desde muy temprano poseía servicios privilegiados: tranvía, escuelas, cine, teatro, entre otros. Con el paso del tiempo y el crecimiento demográfico de la ciudad, Pueblo San Vicente quedó incluido en el ejido municipal. La zona comenzó a crecer y nacieron nuevos barrios más al este de la ciudad. Barrio San Vicente actualmente es el barrio más grande de la Quinta Sección con 18.488 habitantes, según el Censo Provincial de 2008 y continúa siendo la zona central por concentrar allí numerosos bienes y servicios para la comunidad, lo que lo constituye en un `microcentro´.
Hoy es un barrio más de la ciudad y no tiene carácter de periferia del centro. Reconocido por tener “El Sargento” (en referencia al club Sargento Cabral, donde toca la Mona Jimenez cada viernes), haber alojado a artistas de la talla de José Malanca, Francisco Vidal, Santiago Ayala “El Chúcaro”, por mencionar algunos; por la famosa y reconocida feria de frutas y verduras que se enclava cada domingo en la plaza del Centro Cultural. También por sus Carnavales en febrero o por el desfile cada 29 de abril, donde las mascotas y sus dueños/as se muestran en público con disfraces y rarezas. Mencionado actualmente por albergar al club Unión San Vicente, que estrena su copa de campeón de la Liga Cordobesa de Fútbol desde noviembre de este año 2011. Así podríamos seguir enumerando… En este añejo barrio pululan diferentes instituciones educativas y de salud, organizaciones sin fines de lucro, asociaciones de vecinos y vecinas, fundaciones, que con el correr de los años han ido tendiendo redes de comunicación y de trabajo entre sí.

La Biblioteca Popular Julio Cortázar, la Radio La Quinta Pata (FM93.3) y la Red de Vecinos/as y Asociaciones, de San Vicente son algunas de las organizaciones que vienen articulando actividades entre sí.
La Biblioteca Popular es la más antigua de las tres. Nace como iniciativa de un grupo de vecinos y vecinas que hacia comienzos del año 2000 reconocieron la necesidad de generar un espacio el debate, estímulo del pensamiento crítico y cultura en general de la zona. Hoy está integrada por personas de diferentes edades, quienes voluntariamente y con el compromiso de transformar las realidades de injusticia y distintas problemáticas sociales de la zona, aportan su esfuerzo e ideas semanalmente. Desde su fundación hasta la actualidad, la Biblioteca ha sido sede de diversas actividades culturales tales como: charlas culturales, proyecciones de cine-debate, talleres de incentivo a la lectura, festejos del día del niño/a, entre otras. Actualmente se desarrolla un taller de títeres para adultos a cargo del grupo artístico local “Marottes en Fuga”, así como apoyo pedagógico extraescolar a niños de 1º y 2º ciclo, y apoyo psicológico a bajo costo a cargo de la Fundación Agalma de psicología. Además se realizan capacitaciones sobre proceso de catalogación, carga y digitalización de libros tanto para sus integrantes como para otras bibliotecas de la zona. La biblioteca funciona como sede receptora de materiales que sirven para difundirse hacia otras casas de lectura de la zona. La Red de

Vecinos/as y Asociaciones de San Vicente nace en el año 2006, con la intención de aunar esfuerzos y potenciar los trabajos que sus integrantes venían desarrollando individualmente o desde otras organizaciones. En principio, la defensa del patrimonio del barrio fue lo que motorizó esta nueva forma nueva. De este modo, la Red nació por la lucha para impedir el cierre de una casa cultural “La Fraternidad”, así como alcanzar su reconocimiento patrimonial, objetivo que se logró después de 2 años de trabajo.
En la actualidad, el objetivo central es favorecer el desarrollo socio cultural del barrio y zonas aledañas, a partir del trabajo solidario y coordinado en red. En ese sentido podemos mencionar “El Portal de San Vicente”, periódico comunitario que vienen sosteniendo desde hace cinco años, uno de los aportes más loables que pueden nombrarse dentro de las tareas que realizan. Desde el año 2003 también coordinan visitas guiadas gratuitas por el barrio, los últimos sábados de cada mes. El recorrido sale desde la plaza del ex Mercado (frente al Centro Cultural) en minibus. Así se puede realizar un recorrido geográfico e histórico de la mano de los/as guías que también son parte de la organización y vecino/as del barrio.
A estas actividades cabe agregar otras más nuevas como son: la realización de talleres de historia oral, la gestión de un museo y foto galería barrial virtual de tipo participativo, el trabajo coordinado por la recuperación de espacios públicos con la cátedra Arquitectura 2D de la Universidad Nacional de Córdoba, la realización del programa radial “Enredados” entre varias iniciativas más.
La Radio comunitaria “La Quinta Pata” (FM. 93.3) es la más novata de las tres, nacida en 2009 y puesta al aire recién en 2011, se alberga en las instalaciones de la Biblioteca Popular. La radio nació con el objetivo de favorecer y estimular la comunicación de los vecinos y vecinas de la zona, así como promover formas de acción colectiva de tipo comunitario que permita reflexionar de otras maneras las problemáticas la zona y articular formas de solución colectiva. Actualmente, la radio sale al aire todos los días sábados con tres programas: “Club de Tango el Fueye”, “Sanvisiente” (programa institucional) y “Enredados” (Red de Vecinos/as de San Vicente). Dentro de Sanvisiente hay un fragmento quincenal denominado “Pulso Adolescente”, en el cual tres jóvenes de 15 años desarrollan temáticas barriales desde su propia mirada.
En el transcurso del 2011 han desarrollado talleres de formación internos y para otras organizaciones (sobre producción radial, operación, edición); también salidas al aire en eventos especiales de la zona como el Sitio de la Memoria de Campo de la Ribera o en coordinación con la FM Zumba la Turba.
Se ha trabajado articuladamente con estudiantes de Magisterio del Colegio Garzón Agulla que realizaron sus prácticas en la radio, con estudiantes universitarios de las carreras de Geografía y Trabajo Social y de la Escuela Secundaria Mariano Fragueiro donde para cerrar el año se están realizando talleres de comunicación popular. También ha participado de charlas y eventos de diferente índole: “Festejamos el Lugar donde vivimos” organizado por el espacio cultural sanvicentino Casa Dadá, exposición en la Cátedra de Comunicación Comunitaria de la Universidad Católica de Córdoba, entre otras. La idea es poder construir una radio verdaderamente comunitaria y abierta a las distintas iniciativas y actividades que se realizan el barrio.

Colores en los mapas. Pensando una Geografía diferente

Después de algún tiempo recorrido, empezamos a pensar cómo fortalecer el trabajo de nuestras organizaciones en la zona. ¿Qué herramientas no estábamos usando? ¿Qué conocimientos no teníamos o no utilizábamos para nuestras propuestas? Como en otras relaciones, si el vínculo con la comunidad en la que se enclavan nuestros proyectos no se renueva, se desvanece. Sentimos la necesidad de responder a estas preguntas, o de intentar hacerlo. Decidimos usar la propuesta de trabajo que conocimos de la mano de Iconoclasistas, y a principios del 2011 desarrollamos un taller de tres encuentros que nos dejó como resultado el intercambio de saberes, discusiones políticas y horizontes de nuestros proyectos, caracterizaciones de otros actores/as y un frondoso mapa barrial.
Este taller tenía como búsqueda última la formación a partir del intercambio colectivo y el debate sobre con qué actores/as articular y qué problemáticas abordar desde nuestros proyectos. Esas fueron las primeras preguntas que nos hicimos y encontramos en esta propuesta metodológica una manera de responderlas colectivamente que, además, nos dejara un producto final que condensara esas respuestas e intercambios. A modo de lluvia de ideas primero e intentando organizarlas después, Biblioteca y Radio compartimos saberes, historias, anécdotas y preguntas sobre organizaciones, instituciones y problemáticas del barrio. Actores/as y dificultades fueron los sellos que quedaron plasmados en nuestro mapa sanvicentino. Teníamos un mapa de colores pero no marcaban los relieves ni las lagunas, o no al modo tradicional en que siempre hemos visto los mapas.

1/30/2012

Con E de Perec

Por Ana Fornaro


Hay veces que para muestra vale una foto. Una foto de un señor con los pelos parados y una barba casi jasídica mirando con ojos transparentes de loco. Porque Perec estaba loco y angustiado, como les pasa a los locos conscientes. Y para paliar la angustia, quien nació Georges Peretz, un judío hijo de polacos asesinados por el nazismo, dedicó su vida a escribir en clave de ausencias con una ferocidad, tenacidad y obsesión dignas de una persona que tiene que llenar vacíos dejando una de las obras más geniales de la segunda mitad del siglo pasado.
Se murió de cáncer de pulmón el 3 de marzo de 1982, a los 45 años, y ya había escrito más de treinta libros, entre novelas, poemas, ensayos, obras de teatro y otros tantos escritos inclasificables. En 1965 obtuvo el premio Renaudot por la novela Las cosas, que fue integrada y bien aceptada por el nouveau roman. Pero Perec no era un nuevo novelista francés, o sí lo fue pero eligió otro club al cual pertenecer. De ellos tomó sólo lo que lo sedujo: la mirada exhaustiva, el fetiche por los objetos, la capacidad de narrar en planos. Todo eso que para los franceses fue toda una revolución narrativa para este joven autor no era suficiente: había que llegar más lejos, cambiar la literatura desde adentro, hacerla explotar, recoger los pedazos y armarlos como un puzzle. Y encontró una familia.
Dos años después de la publicación de su primera novela, se unió al OuLiPo (Taller de Literatura Potencial, por sus siglas en francés), creado por Raymond Queneau y François Le Lionnais en 1960, y del que formaban parte escritores como Italo Calvino, matemáticos y artistas plásticos, entre ellos Marcel Duchamp. Lo que el OuLiPo le dio a Perec, además de un sistema para escribir, fue una identidad, algo que para un huérfano criado por los tíos no era poca cosa. El grupo partía de la negación de los preceptos del surrealismo de azar e irracionalismo creador. Según Queneau, la experimentación poética no nace de una musa inspiradora o de esa masa viscosa llamada inconsciente, sino de fórmulas, de restricciones y juegos, que lejos de acotar estimulan y hacen explorar y explotar la creatividad.
Georges Perec se tomó todo esto muy en serio y con muchísimo humor. Fue, sin duda, el exponente más salvaje del grupo y quizá el más talentoso. Con la aparición en 1969 de su primera novela en clave oulipiana, El secuestro, hizo una entrada triunfal a su club con un relato de intriga, en el que no aparece ni una sola vez la letra e, la vocal más frecuente en francés. Y luego escribió Les revenentes (“Las que vuelven”), algo así como una venganza de la letra “e”, ya que en toda esta novela es la única vocal que utiliza.

Lo primero que el lector avisado puede pensar frente a este despliegue de locura verbal es que son libros carentes de sentido, simples divertimentos de uno de los mejores crucigramistas de Francia (que lo fue) pero sin espesor literario. Lejos de ser así, son obras de una profundidad admirable, que pueden ser leídas en varios grados, en varias claves, dependiendo de las ganas y la curiosidad del lector.

En 1978, luego de diez años de trabajo, publicó La vida, instrucciones de uso, novela total si las hay, comparable, por la ruptura estructural, experimentación, juego metaliterario y especular, a Rayuela, de Julio Cortázar. Libro-enciclopedia, encierra todo el mundo Perec: su pasión por la pintura, por los rompecabezas, por los enigmas, por el naturalismo y, por sobre todas las cosas, por la literatura. Una novela llena de trampas y de juegos y de plagios (¡!) o “implicitaciones”, como le gustaba decir al autor.
“Quiero escribir un libro que pueda leerse tirado en la cama”, decía Perec, y lo que logró fue un monstruo que puede leerse en la cama, pero que hará saltar al lector al encontrarse pasajes textuales –sin comillas– de novelas de Flaubert, de cuentos de Borges, de textos de Melville, Michel Butor, entre otra decena de autores. Pastiche, collage o como se quiera, Perec quiso meter todo y a todos en su libro, pero se toma el trabajo de avisarnos de eso al final en uno de los múltiples anexos.
Con semejante libro (debajo del título aclara y dice “novelas”, avisándole al lector que este libro, como aclara Cortázar en Rayuela, “es muchos libros”) logró, además de ganar el premio Médicis y poder dedicarse el resto de su vida a escribir tranquilo, crear una de las obras más disfrutables, geniales y complejas de la segunda mitad del siglo XX. Perec pensaba en un lector activo (el “lector macho” que buscaba Cortázar) pero sin obligarlo a la acción. El lector de Perec puede acostarse y leer sus libros como las historias de Las mil y una noches, o entrar de lleno en la intertextualidad, sobresaltarse y devolverle las guiñadas, incluso treinta años después de muerto.





Performance / " como es arriba es abajo" by dadátack.

1/17/2012

Joel Peter Witkin

Joel-Peter Witkin (nacido el 13 de septiembre de 1939 en Brooklyn, Nueva York) es un fotógrafo estadounidense. Trabajó como fotógrafo de guerra entre 1961 y 1964 en la Guerra de Vietnam. En 1967 decidió trabajar como fotógrafo freelance y se convirtió en el fotógrafo oficial de City Walls Inc.
Según el propio Witkin su particular visión y sensibilidad provienen de un episodio que presenció siendo pequeño, un accidente automovilístico en el que una niña resultó decapitada. También cita las dificultades en su familia como una influencia. Su artista favorito y gran influencia es el Giotto.
Sus fotos suelen involucrar temas y cosas tales como muerte, sexo, cadáveres (o partes de ellos) y personas marginales como enanos, transexuales, hermafroditas o gente con deformaciones físicas. Sus complejos tableauxs a menudo evocan pasajes bíblicos o pinturas famosas. Esta naturaleza transgresora de su arte ha consternado a la opinión pública en repetidas ocasiones y ha provocado que lo acusen de explotador y que haya sido marginado como artista en diversas ocasiones.
Su acercamiento al proceso físico de la fotografía es altamente intuitivo que incluye manchar o rayar el negativo y una técnica de impresión con las manos en los químicos. Esta experimentación comenzó luego de ver un ambrotipo del siglo XIX de una mujer y su amante quien había sido arrancado.

El ‘happening’ definitivo de un dandy moderno - por Luis Diego Fernandez - Perfil.com

Cuando veo a alguien mejor vestido que yo me escandalizo”, dijo Arthur Cravan. Una buena declaración de principios de un dandismo crepuscular. Pero también podríamos enmarcarla en el canon del dandismo, que conoce de los siguientes textos de la tradición divididos en tres etapas: 1) el Tratado de la vida elegante, de Honoré de Balzac en 1830, y Del dandismo y de George Brummell, de J.A. Barbey D’Aurevilly, en 1845; 2) El dandy, en El pintor de la vida moderna, de Charles Baudelaire, en 1863; 3) El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, en 1891. Tres estilos de dandismo: primero, el dandismo autocrático y aristocrático con Beau Brummell como emblema, centrado en la moda y la provocación. Luego, Baudelaire simboliza el dandismo intelectual y bohemio, ya más alejado de la moda y centrado en las vanguardias estéticas, la urbanidad de París y la invención de nuevos valores y subjetivaciones experimentales. Por último, el dandismo que podríamos llamar hedonista, y cuyo símbolo es Oscar Wilde. Wilde engloba en sí todos los otros dandismos de comienzos y mediados del siglo XIX: moda, intelectualismo, decadentismo, esteticismo, libertinismo, singularidad.

El dandy de comienzos del siglo XX ya será propiedad de una figura más compleja hasta mediatizarse y actualizarse vía Andy Warhol, exponente del neodandismo de mediados y fines del siglo XX y revitalizador de este linaje a través de la espectacularización. Quizás Arthur Cravan, en algunos aspectos, anticipa cierto warholismo. Ese signo está en el dandismo particular de Cravan que, a diferencia de su tío Wilde, no tiene pretensión aristocrática. Cravan no pule la superioridad ni la altivez en sus modos. El de Cravan es un dandismo efímero –como su propia vida–, circunstancial. Un dandismo claramente ya hijo del siglo XX.
Cravan fue sobrino de Oscar Wilde y su figura influye en su vida y su –casi inexistente– obra escrita. Cravan lo admira y lo describe: “Oscar Wilde respiraba fuerza; esta actitud estaba animada por una muy segura confianza en sí mismo, lo que no dejaba de darle un aire altanero, pero el costado íntimo de la naturaleza no lo evidenciaba menos, la parte sensual, voluptuosa, la parte de perfecta desenvoltura que más tarde la acción pondrá en juego”. Claramente, Cravan es una figura del dandismo singular –como todos los dandies. Fue poeta y boxeador, ladrón y viajero, inventor y falso marchand. Fue el único editor y redactor de la revista Maintenant, que sólo publicó cuatro números entre 1912 y 1915 y que compila testimonios y crónicas sobre Marcel Duchamp, André Breton, Francis Picabia y León Trotsky, entre otras luminarias del arte moderno y las vanguardias históricas y políticas.
Cravan fue boxeador. Combatió en Barcelona en 1916 contra Jack Johnson, el campeón mundial de los semipesados, y perdió en el sexto round. No era mal boxeador, incluso se ganó la vida varias veces como entrenador pugilístico. Es maravilloso cómo el dandy describe la izquierda y la figura de su oponente, Johnson, en el combate: “Ninguno de los dos estaba en la mejor condición física. Rápidamente me quedé sin aire. Lo que más me molestaba era su izquierda: con ella me mantenía a distancia. Sin embargo mide cinco o seis centímetros menos que yo. Es, en la estela de Poe, Whitman y Emerson, la gloria más grande de América. Si aquí hubiera una revolución, combatiría para que se lo entronizara como rey de los Estados Unidos”.
También fue un viajero infatigable. Sus viajes y vagabundeos por diferentes ciudades del mundo son enormes. Particularmente, su pasaje por Nueva York revela costados interesantes. El propio Cravan reflexiona al respecto, cuando llega a la Gran Manzana el 13 de enero de 1917: “Soñé que era lo suficientemente grande como para fundar y formar yo sólo una república”. Dice Julien Levy sobre sus paseos por el Central Park y sus recorridos diletantes: “Cravan atravesaba Nueva York a grandes zancadas, con una retahíla admiradora de pequeños sinvergüenzas siguiéndole los pasos. Se dice incluso que las apariciones y performances de Cravan escandalizan a la propia fauna del Greenwich Village”.
Cravan representa a la mítica figura del artista sin obra. Maintenant es lo único publicado de su autoría. Su vida fue su obra. Nada más, nada menos. Incluso su final puede verse como una producción artística: una estética de la desaparición. Solitario, individualista y proto-punk, Cravan desaparece en la frontera de México, en el Río Grande Norte. Su gran amor fue Mina Loy –quien había sido amante del pope del futurismo italiano, Filippo Tommaso Marinetti. Iban a encontrarse ambos en Buenos Aires. Mina llegó, Cravan jamás lo hizo. Conjeturas, varias. Marcel Duchamp dijo: “Lo conocía bien y sólo la muerte puede haber sido la causa de su desaparición”. Quizá fue su último acto estético. Un happening definitivo.

DADÁRGENTO : Federico Manuel Peralta Ramos

En una trasnochada, allá por los eufóricos años sesenta, a Federico Manuel Peralta Ramos se lo comió el personaje. Glup. Y así quedó. Con sus cientoypico de kilos, mezcla de payaso cósmico y oso de peluche, ya no se supo más dónde terminaba el hombre y dónde empezaba su creación. Entonces el gordo aristocrático, con su invariable trajecito cruzado, sus ojos azul cielo despejado y su deambular por la “manzana loca” de bar en bar proclamando la imperiosa necesidad de “vivir en arte”, se convirtió, a fuerza de lucidez, en una de las figuras paradigmáticas en la creación de un dadaísmo local.

Una suerte de Marcel Duchamp porteño, Federico hizo del gesto artístico su marca registrada. Intuitivo hasta la médula, presintió las posibilidades de un arte conceptual bien antes de que éste tomara forma, y no se cansó de señalar que el arte, tarde o temprano, se disolvería en la vida social. Ya en sus primeras pinturas, cuando aún se apegaba al objeto, el acto de protesta contra todo lo sagrado de la obra de arte estaba instaurado. En 1964 expuso en la galería Witcomb unos cuadros de enormes dimensiones, tan insospechadamente grandes que cuando llegó a la galería cayó en la cuenta de que éstos no pasaban por la puerta. Despreocupado, tomó un serrucho y los partió al medio. Después juntó los pedazos así nomás y los colgó. “Las pinturas pesadas”, como las llamó, de línea informalista, estaban hechas de gruesas capas de materia, que pronto, como manteca derretida, comenzaron a chorrear sobre el piso. Federico miraba encantado. El azar hacia su entrada.

                                                             EL PERALTA-RAMISMO

La versatilidad lo destacaba dentro de un ambiente propenso a las etiquetas: cantor, pintor, showman, pensador urbano de café (no un filósofo erudito y lejano sino alguien más pedestre, pero con una aguda intuición). Más que un artista atado a su paleta, era alguien que parecía comprender el mundo en todos sus misterios y, en una Buenos Aires de cerebros de aldea, se irguió como ciudadano espiritual del universo. Pronto, el hombre que se autodefinió, con conmovedora fragilidad pero también dejando en claro sus aspiraciones místicas, como “aquel boomerang que no quiso volver porque se encontró con Dios”, fundó la religión Gánica, que básicamente consistía en “hacer siempre lo que uno tiene ganas” y cuyos mandamientos rezaban “creer en el gran despelote universal”, “no mandar”, “no endiosar nada”, “regalar dinero”.
Pronto Federico dejó en claro que no había que esperar de él grandes pinturas de caballete y transformó su vida en una serie de acciones estéticas. Como aquella vez que, sin tener un centavo ni para el colectivo, tuvo el irrefrenable impulso de alzar la mano para comprar en un remate de la Sociedad Rural Argentina un toro reservado gran campeón, porque su idea (que le costó después una internación en un neuropsiquiátrico privado para evitarse un juicio) era exponerlo en el hall del Di Tella junto a un auto Fórmula 3, una montaña de dinero y un caballo pura sangre. O cuando utilizó todo el dinero que le otorgó la beca Guggenheim en 1968 para dar una cena en el Alvear para sus amigos. “Leonardo pintó La última cena, yo la di”, anunció. Claro que los norteamericanos, indignados por este imprevisto, le pidieron una explicación, la cual no tardó en llegar en forma de carta: “Una organización de un país que ha llegado a la Luna, que tenga la limitación de no comprender y valorizar la invención y la gran creación que ha sido la forma en que yo gasté el dinero de la beca, me sumerge en un mundo de desconcierto y asombro. Devolver los tres mil dólares que Uds. me piden sería no creer en mi actitud, por lo tanto he decidido no devolverlos. .

                                                                     AFRIKA MIA

Tracatracatracatracatacataca tracatracatracatracatacataca las pelotitas de ping-pong caían sobre el escenario de Afrika mientras, envuelto en un frac, Federico y Ricutti cantaban “Esta tarde vi llover” de Manzanero. Era ya de madrugada y un grupo selecto se había escapado de la cena en el Alvear, cansado tal vez de tanto copetudo. Sin saberlo, esa actuación ponía el moño a una etapa.

Desde entonces, Federico colgó definitivamente los pinceles y se inclinó por una obra de corte netamente conceptual. La muestra “Federico Manuel Peralta Ramos” en la galería Arte Nuevo hacia octubre de 1968 exhibía, sobre una mesita, un termo, un mate, una taza de café y un casco del corredor Andrea Viannini, junto a luces de neón y estructuras primarias. Pero nuestro hombre Moulinex seguía inquieto. Quería ampliar su audiencia. Y de la mano de Tato Bores llegó en 1969 a la televisión en el programa Siempre en domingo, donde hacía unas intervenciones surrealistas. Un antecedente del humor absurdo que luego desplegaría Cha Cha Cha, Federico interrumpía los monólogos de Tato para recitar un poema o para anunciar apocalípticamente que se aproximaba “el fin de hoy”. Y la gente no entendía nada, pero igual gustaba, porque, según sus palabras, su cuerpo emitía “una serie de ondas que producían en el público una sensación agradable”.

De ahí en más las acciones se sucedieron. En 1972 presentó en el CAYC -el palacio del conceptualismo local– la muestra “El objeto es el sujeto”. Estirado en el piso, un rollo de 10 metros, “El papelón”, como luego lo llamaría familiarmente Federico, anunciaba en tinta china “yo voy a venir de visita”. “Así, sin elementos intermediarios, me expuse a mí como objeto artístico.” Dos años después materializó el sueño de toda una sociedad al venderle a la vedette Egle Martin una réplica exacta de un buzón, lo que según palabras del autor “respondía al inconsciente colectivo del país”. En 1975 presentó en la Galería H un tacho de basura de zinc, repleto de bastidores y brea, y un año más tarde, junto a Antonio Berni, participó en la muestra “Creencias, supersticiones de siempre. Berni-Peralta Ramos”. Para esa ocasión, Federico ideó una Tumba de Tutankamón porque “al exponer la tumba destruía el maleficio”. Un cuartito forrado en papel dorado albergaba una momia que descansaba sobre un colchón. La gente le preguntaba cosas y la momia, cada dos por tres, resucitaba para contestar. En 1986 presentó, en el Centro Cultural Recoleta, “La salita del gordo”: Federico sentado en un cuartito esperaba, miraba revistas y, por sobre todo, charlaba con quien pasara.

                                                                MI PAPA ME MIMA

Mirar el mundo con ojos nuevos tuvo su costo. “Mis obras no son chistes. En otro lugar me tendrían respeto, pero acá me tildan de loquito”, se quejaba cuando ya no soportaba más la incomprensión. Las más de las veces, las críticas provenían de su propio entorno social, a quien sus verdades resultaban intolerables. Federico se definía como “psicodiferente”, “mutante”, y explicaba el rechazo de su gente: “Yo abrí una ventana para que saliera el mal olor y ellos nunca me lo perdonaron”.

                                                                DE BUEYES PERDIDOS

Cuentan que fue a raíz de una pelea por quién comía más huevos duros en la Galería del Este que Federico se enojó con su alter-ego Marta Minujin. “Voy a dejar de alimentarla metafísicamente”, anunció y nunca más le habló. Dicen que tomaba hectolitros de soda y que comía kilos de mermelada diet porque creía que “comiendo comida diet cuanto más se come más se adelgaza”. Cierta vez logró bajar 50 kilos, proeza que consideró su obra más acabada, el Adelgaz-art. Dicen también que no le gustaban ni los chicos ni los animales porque eran competencia desleal, que no se terminaba de decidir por qué era mejor, “¿si tener la vaca atada o desatada?”, y que una vez decoró la fachada de una pizzería en Olivos con dos canillas, una roja y otra azul y llamó al boliche “Pizzería la fría y la caliente”.

Federico era “un niño eternamente en la edad del por qué”, recuerda Roth. “Me llamaba tempranísimo anunciándome que ese día quería acompañarme a trabajar. Entonces yo lo pasaba a buscar y él proponía un tema para conversar. Un clásico era hablar de Dios. Al llegar al trabajo él se quedaba durmiendo en el auto hasta que yo regresaba, y entonces retomábamos donde habíamos dejado. Cierta vez, luego de dos o tres horas de hablar acaloradamente sobre Dios, Federico decretó: ‘Al final, Dios no es ningún pelotudo’.”

Un “estudioso de la noche”, el gordo iba de putas seguido, probablemente porque, como todo desclasado, se sintiera un poco menos solo en aquellos lugares donde todos los gatos eran pardos. “Un día, en Karim –cuenta Cantamessa–, Federico decidió que iba a recitar ‘La hora de los magos’ de Jorge de la Vega. A éste lo matan, pensé. Pero no. De repente, todo el lugar se calló. Karim se volvió una iglesia. Y era conmovedor verlo ahí, en ese templo pagano, como un sacerdote laico frente a su rebaño.”

Los ochenta lo pescaron nuevamente frente a las cámaras en Extra Tato, actuando en una película de Agresti –El hombre que ganó la razón– y cumpliendo 50 pirulos en el año de la asunción de Menem. Pero un día de 1992, un nada sorpresivo paro cardíaco –desde la muerte de sus padres, un año antes, Federico se mataba comiendo– se lo llevó lejos, tan lejos que después no supo cómo hacer para volver.

 POR MARIA GAINZA




12/27/2011

Adrenalina y poética arrabalera - Nota a Rorigo Guerra - Página 12 -

Zigzagueante, una embarcación atraviesa los recovecos del Tigre. Va y viene, flanqueando tierra firme a la vista de los vecinos que sacuden las manos, dando la bienvenida. En una hora de viaje el catamarán recorre un paisaje frondoso, verde y monótono, haciendo escalas breves, río arriba, hasta llegar y detenerse en un muelle imperfecto donde –luego de sortear una maleza tupida y los impulsos de su perro–, hace su aparición Rodrigo Guerra, el entrevistado, ex contrabajista de la Pequeña Orquesta Reincidentes, actual integrante de Guerra y Todo, La Quimera del Tango, Lions in Love, Volver a Cero y Los Ramones del Tango, el proyecto que encabeza Daniel Melingo.

Al leer su currículum musical se puede deducir que este multiinstrumentista decidió refugiarse en una isla del Delta –y apartado de la gran ciudad– para descansar, pero no: “Hace cuatro años que vivo acá y es en el lugar donde más trabajo. Acá tengo todos mis libros, la música. Puedo tener muchas pantallas abiertas, puedo escribir, tocar, estar tranquilo y eso me rinde muchísimo. Yo parto a la ciudad con muchas partituras que hago en esta casa. Mis días aquí son de práctica continua y no hay mucha distracción. Es mi oficina”, cuenta a Página/12 sobre su intimidad en una cálida vivienda ubicada en una solitaria isla del Tigre.
La excusa es hablar de Guerra y Todo, un trío furtivo de sonido cerrado, directo, ligado fuertemente a la historia de los tríos de rock en la Argentina. Guerra y Todo está cargado de una poética arrabalera, tiene apenas un año y medio de actividad, un puñado de recitales y un disco homónimo editado por el sello independiente Oui Oui Records, en donde Guerra encarnó el rol de guitarrista, cantante y compositor, acompañado de Rafael Franceschelli, en bajo, y Lautaro Cottet, en batería, y que se presentará el miércoles 25 en Le Bar (Tucumán 422), con entrada gratuita.

–En Guerra y Todo se condensa, de un modo más violento y crudo, todo lo que usted produjo musicalmente.
–Sí, el trío es un formato sintético. Que invita a cierto minimalismo. En el rock, cuando aparece la segunda guitarra u otro instrumento, altera la ecuación. Pero en el trío hay un equilibrio muy interesante. Hay sobrados ejemplos, The Jimi Hendrix Experience, The Police. El trío nos lleva a una desnudez que descontractura, y donde no hay parafernalia. Lo nuestro es de garaje. Cuando agarro una guitarra eléctrica siento un regreso a las fuentes, al primer instrumento que toqué de chico, el instrumento con el que más pensé la música; los otros son incursiones, exploraciones, una manera de estudiar los sonidos. El testimonio del trío es como un chequeo médico, ahí te sale más o menos lo que estuviste tocando en los últimos tiempos. La guitarra se contamina muy fácilmente, porque es un instrumento muy atorrante.

–¿Para usted era una necesidad, aunque sea por un momento, salir del sonido del tango?
–En el lenguaje de los grupos en los que participo, hay todo un imaginario melódico que va cambiando de sonoridades, pero siempre tiene un mismo perfil. Hice tantos géneros que no puedo decir que cada uno lo viví como si pudiera convertir mi vida al género que estoy haciendo, como si tuviera esquizofrenia o encarnara un personaje. Irme del tango es imposible, está ahí, siempre aparece. No me preocupa dosificar el género, porque eso no se puede manejar. Inocentemente, buscamos un ideal. Hacía mucho que no tocaba rock; pero salir, no, me siento adentro de esta gran bola de géneros, absorbiendo más y viendo que hay cada vez más información.

–Se entiende, ya que hay una cierta épica tanguera y barrial en las letras.

–Nunca las terminaré de entender. Son estampas. Me gusta lo que tiene la poesía de escribir cositas, pero no saber de qué se tratan específicamente. Reflejan fielmente un estado de ánimo, una situación, pero en el momento no lo puedo abarcar. Las letras salieron de modo inconsciente, pero hay una negación de eso, está cantada así nomás, porque hay una brutalidad musical. Hoy hay una hegemonía de la voz, del discurso cantado y es una escuela en la que coinciden muchos.

–¿Y usted no coincide con esa escuela?
–Coincido bastante. Pero en este caso no me parecía importante, con que se entendieran las letras...

–Pero, recién hablaba de una negación.
–Sí, pero es una negación de hecho, física. Sucedió porque esta música la fui acunando de pendejo, en un underground, donde no se entiende nada lo que uno canta. Entonces, el underground termina siendo un soporte, una manera de escuchar la música. El lugar donde se escucha, ejecuta y es compartida la música hace mucho al timbre. No es lo mismo un cajón de hormigón de cien metros de largo que un boliche lleno de mesas y techo bajo. Quería crear esa confusión y sacar un poco del eje a las letras. Son importantísimas, pero es tan fuerte lo que sucede con el mensaje hablado, que el que no entiende va hacia atrás. A Spinetta nunca se lo entendió del todo, y hay que prestar atención. Cuando uno presta atención es porque no está todo servido. Después de escuchar a Manal, a La Pesada, aparece una textura que la industria desechó, pero para nosotros, los que andamos “cartoneando” en esto, nos sirvió para aprender y tomar cosas de allí.

–¿Qué no tiene Guerra y Todo de sus otros proyectos?
(Guarda silencio unos segundos) –Quizá tiene tolerancia. Hay muchas cosas que en el momento las podría haber hecho de otra manera, pero me la aguanté y las dejé así. Guerra y Todo es algo egoísta. Yo me hice cargo de este proyecto y las cosas se hicieron como yo quería, aceptando excelentes propuestas de mis compañeros. Ahí es donde se ejercita lo de la tolerancia, porque somos tres que a veces opinamos diferente. Sin embargo, acá tengo más responsabilidad. Con este proyecto me salgo con la mía, es algo más personal.

–Estaba buscando tener la última palabra.
–Siempre me sentí representado en todos los lugares donde trabajé, aun en esos proyectos donde participo componiendo música y letras. Esta es otra materia. Por ejemplo, en un grupo como Pequeña Orquesta Reincidentes, cuando una inquietud creativa me aparecía, y todavía era una idea amorfa, la tiraba al ruedo, y en el medio iba tomando su forma. Aquí con Guerra y Todo fue diferente, además porque parecemos un grupo comando, si tenemos un recital, ensayamos una vez y listo.

–Hizo referencia a Pequeña Orquesta Reincidentes, ¿ha seguido la trayectoria de cada uno de sus ex compañeros?
–Sí, claro. Esta es una gran familia. Acorazado Potemkin me gusta mucho. Tengo una debilidad con esa manera de componer, cantar y tocar la guitarra que tiene Juan Pablo (Fernández, cantante y guitarrista de Acorazado Potemkin). Además, sus compañeros son unos animales. Obviamente, guardo un entrañable recuerdo de lo que hicimos. Siempre festejé el trabajo musical de quien sea, pero el de mis ex compañeros lo celebro como si fuera mío. Parece una pedantería, pero siento algo muy tranquilizador cuando ellos hacen música. Cambiamos de forma, de manera de pensar, pero cuando te encontrás con un ex compañero que te ayuda, es muy emocionante. Puedo en mi cabeza cantar cada una de esas notas que tocaba en Reincidentes. Tenía un espíritu que era fuertísimo, tenía una cosa grupal muy poderosa y a su vez era retroalimentado por el público.

12/19/2011

!
Ahora
en la época donde la vida se esfuma.
Decídete.
Hazlo ya de una vez.
Acciona en positivo sin importar los resultados de tu conducta.
... Apuéstate.
Imagina mañana más feliz.
vivo , incongruente y falaz.
las palabras solo funcionan en sentido semántico.
Creételas / apaga la tv o solo enciende para I.sat
apoya tu cabeza en tí
levanta estado y ama
a luz y trasluz
vive de vacaciones
2012 para todos.

12/17/2011

 un chiqui chiqui
un tumba tumbam naqui naqui
sere sere merequetengue
 tele dele vele
selene
tetequestemte pete
pelerente
masculliantemaleta
tekatekatelatela
merequetngue slam glows
os os mermegue os