4/05/2012

EL PRIMER DADAISTA CORDOBES.

“Propugnaré el amor libre, la separación de la Iglesia del Estado, la supresión del ejército por antisocial y anacrónico, el acortamiento de los hábitos sacerdotales para, con la tela economizada, hacer ropa para los chicos pobres, la implantación de la República cordobesa con representantes confidenciales ante los países de Europa y América, Argentina incluida.” Enrique Badessich, en un discurso de los años 20

 Era telegrafista en las Islas Orcadas del Sur y autor de novelitas porno soft, pero cuando volvió desde el Sur a Córdoba, la provincia donde vivía, se unió a la bohemia de la capital y se hizo amigo de los estudiantes y jóvenes profesores que habían sido el germen de la Reforma Universitaria en 1918. Cuatro años después, en 1922, llegó a ser diputado provincial con su propio partido, el Bromosódico Independiente. Enrique Badessich era anticlerical, pregonaba el amor libre, la supresión del ejército y la independencia de Córdoba. Pero aunque le sacaron la banca por “decoro”, lo suyo no fue ningún chiste de estudiantina. Y esta es su historia.
Comenzaba 1922, cuando se conocía una millonaria defraudación en la Aduana de Buenos Aires, el teniente coronel Héctor Varela daba por terminada la matanza de cientos de obreros patagónicos en huelga y, a fin de apaciguar las incipientes diferencias entre radicales personalistas y antipersonalistas, el presidente Hipólito Yrigoyen postulaba como su sucesor para las elecciones del 2 de abril al aristócrata y embajador en Francia Marcelo T. de Alvear.

En Córdoba, sin embargo, la Unión Cívica Radical decidía no presentar candidatos para gobernador ni para la renovación de la Legislatura provincial por no haber podido imponer una reforma electoral. Así, descontado el triunfo del conservador Partido Demócrata en ambos frentes, el interés comicial se redujo a la tercera diputación por la minoría, para la cual estalló un verdadero enjambre de aspirantes del más variado tinte.
Con el guiño cómplice del médico y ensayista José Ingenieros, el favorito de los “muchachos de blanco” no era otro que Enrique Badessich, uno de los más estrafalarios y pintorescos personajes de la “docta” de aquel entonces, al que, con apenas 26 años, el ingenio estudiantil convirtió en el único político argentino que pregonó el amor libre.

Nacido en la ciudad de Tucumán el 14 de enero de 1896, Badessich llegó a Córdoba a temprana edad para curarse de paludismo. Allí estudió en la Escuela de Artes y Oficios y en el Colegio Salesiano. Más tarde quiso ingresar a la vida militar y, ante la negativa familiar, huyó del hogar hasta que su padre austríaco y su madre italiana accedieron a que entrara al Cuartel Batallón de Ingenieros, donde revistó en la Compañía de Telegrafistas. Después de varios años tuvo que dejar el ejército, pero sus conocimientos en telegrafía le abrieron las puertas de la Armada, para la que trabajó en la Dársena Norte porteña, Formosa y las Islas Orcadas del Sur. En el segundo de esos destinos también escribió Las Pretensiones Amorosas, especie de manual porno soft barroco, al que luego le seguiría El Osculo del Crepúsculo, extraña combinación de osadía erótica y divague mental.

Ya de vuelta en su provincia adoptiva, fue librero, bolichero, baratijero y habitué de los círculos bohemios. Corría el año 1920, cuando la institucionalización de los cambios universitarios de 1918 y las repercusiones de la Semana Trágica de enero de 1919 eran aún temas de conversación en la capital mediterránea.

Fue en esa Córdoba activa y en transformación donde Badessich inició su campaña electoral bajo un sello cuyo nombre parecía más una fórmula farmacoquímica que la denominación de una fuerza política: el Partido Bromosódico Independiente.

Entre esa profusión de postulantes –había radicales disidentes, socialistas y católicos e independientes de distinto pelaje–, los de mayores recursos buscaron seducir a la gente con avisos en los diarios y pegatinas callejeras. Badessich, por el contrario, la emprendió mediante un sinfín de actos en las principales calles de la ciudad, siempre ataviado con un traje de papel y un sombrero chambergo ancho casi como un paraguas.

Desde esta tribuna desafío a los cremosos del Club Social y a los demás zánganos de la colmena a que se atrevan a impedir con su policía mi inevitable acceso a una banca”, disparó en uno de sus mítines esa rara mezcla de denostador de curas burgueses y predecesor de la generación pop, cuya labia era invariablemente interrumpida al grito de “¡Badessich!, ¡Badessich!, ¡al Congreso Badessich!”

Para beneplácito radical, el domingo de los comicios, apenas 6761 de los 31.485 sufragantes de la “docta” acudieron a las urnas. El 10 de abril, ya conocida la amplia victoria de Alvear a nivel nacional, el recuento de la Junta Escrutadora confirmó como ganadores por la mayoría a los conservadores Granillo Barros y Manuel Paz. Pero por la minoría, el vencedor fue Badessich, quien en vibrante definición terminó aventajando al católico tradicionalista Manuel Maciel por apenas 22 sufragios (716 contra 694).

Como sea, el bromosódico, para evitar volver a ser detenido, días antes del escrutinio había decidido atrincherarse en la Legislatura, donde sólo se alimentó con pan y salame. “Era mi última defensa, porque preso no podía ser electo. La policía estaba en la puerta, pero yo no salí y tuve que comer allí lo que me alcanzaron mis amigos”, le explicaría al Vizconde Lascano Tegui en Caras y Caretas del 10 junio.

 Lavisión de los tradicionales diarios porteños. La Nación lo tildó de “personaje colocado fuera de la razón” y “de reconocida incapacidad”, al tiempo que predijo los argumentos que la Legislatura utilizaría para rechazar su diploma: “En nombre de la cultura y el decoro del país”.
Su estadía en Buenos Aires

Tras denunciar la medida en su contra, Badessich viajó a la Capital Federal con la promesa de varios allegados al vicepresidente electo, Elpidio González, de conseguirle una reunión con Yrigoyen. Ya en la gran ciudad, sólo logró ser recibido el 26 de mayo por el ministro del Interior, Ramón Gómez, quien según La Nación, “lo atendió con amable curiosidad”.

“Hay que practicar el amor libre. Ciudadanos... si queréis tener una buena mujer, paz, sosiego y tranquilidad en vuestro hogar, no la mandéis a la iglesia. En Córdoba, yo y 199 muchachos hemos puesto en práctica nuestras teorías; y puedo afirmar que, como me llamo Badessich, lo que se llama cuerno no existe”. Y sobre el casamiento, aseveró que no era necesaria la participación de “ningún empleado público ni de ningún fraile”, al tiempo que puso la lupa en el galante accionar de los curas en el asesoramiento matrimonial y confesión de las novias.

La repercusión fue tal que entre el 11 y 20 de junio Crítica decidió publicar las Memorias del personaje, quien en la primera entrega escribía: “No cerceno mi avanzado y sano idealismo por dinero (...) No milito en ningún partido de la aristocracia, no soy miembro de ninguna asociación reaccionaria, mafiosa, absurda, inhumana ni inquisitorial (...) Yo soy pobre en metálica fortuna, pero soy millonario en libertad”. En tanto que Caras y Caretas destacaba: “Badessich hizo una campaña de varios meses y eficaz. No pegó carteles, pero dio 300 conferencias (...) y para que nadie lo olvidara, se vistió de papel, queriendo demostrar que el hábito no hace al monje y que un hombre fuerte debe ignorar el ridículo”.

Sus apariciones en las secciones policiales de los años ‘50 fueron, en cambio, por un par de estafas y una denuncia por robo de la que logró ser sobreseído. Fue la triste antesala de un final también infortunado. El 8 de agosto de 1961, Badessich murió en Buenos Aires sin que nadie reclamara su cuerpo ni dijera casi una palabra de recuerdo para su aventurada existencia. O como dijera Carrera en Todo es Historia, fue “un telón melancólico para una historia que comenzó con la jocunda risa de un grupo de alborotados estudiantes cordobeses”.



2 comentarios:

Gloria Jiménez dijo...

Que lindo desparpajo! jajajaja, me gusta este personaje y que falta nos hace un sujeto así, que se anime a ser LIBRE, parecer un LOCO y ROMPA con los mandatos sociales.
Don Enrique me hace acordar al hombre que suele disfrazarse, entre otros de Don Jerónimo, y se pasea por las calles del centro con un megáfono ridiculizando a algún político o alguna situación que nos joroba la vida a muchos.
Me gusta poder conocer pedacitos de historia de los cordobeses y para mi gusto encuentro nombres que hoy, 2012, existen! Existe en los tribunales provinciales un juez civil que se llama Manuel Maciel y un abogado, militante k, que se llama Elpidio González.
Me encantó este cachito de historia.

mirta grünberg dijo...

Don Enrique Badessich era un grande de su epoca, cuando se vestia con su traje de papel de diario,el traje se lo hizo su mujer Doña Maria de las Mercedes Fonseca, con la cual tuvo 8 hijos, seis murieron de diferentes causas de muy chicos o al nacer, pero dos de ellos uno era Enrique Segundo Badessich de profeción (confeccionaba vidrieras),el fallecio a los 25 años en un accidente y solo quedo Olga Mercedes Badessich que ahora tiene 83 años y nacio en la Provincia de Santa fe,en el Barrio de Arroyito en el año 1929.Olga Badessich lo hizo abuelo de 5 ñietos de lo cual conocio a cuatro la ultima nieta que conocio y tuvo en sus brazos nacio un 25 de julio de 1961 y el murio un 8 de agosto de 1961. La historia no siempre es como se cuenta, el murio boemiamente como el quiso,no queria que su hija supiera donde se hospedaba.Por ese motivo a su hija le costo encontrarlo y saber el triste fin.